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UE selecciona proyecto de IEPALA en Camboya como modelo de buenas prácticas

Lunes 20 de junio de 2011

Las minas terrestres y los remanentes de explosivos de guerra continúan matando o hiriendo a más de 15.000 personas al año. La abrumadora mayoría de ellas son civiles que accidentalmente activan estos dispositivos pasados años, e incluso décadas, desde el fin del conflicto que dio lugar a su colocación. En algunos países, como Afganistán, gran parte de las víctimas son menores de 18 años.

IEPALA, en el marco de sus acciones en materia de cooperación al desarrollo, concluyó recientemente con el apoyo de la Unión Europea y el proyecto de “Reinserción social-ECONÓMICA de personas víctimas de minas antipersonas” en dos provincias de Camboya (Oddar Meancheay y Pailin). El proyecto, que estuvo impulsado en colaboración con el socio local CWARS ( Cambodian Wars Amputees Rehabilitation Society), ha sido seleccionado por la Delegación de la Unión Europea en Camboya como ejemplo de buenas prácticas.

Durante tres décadas, Camboya sufrió un conflicto civil entre el Gobierno y los Jemeres Rojos. Esta guerra dejó a su paso un genocidio, así como millones de minas antipersonas esparcidas por todo el territorio. Estas “municiones durmientes” siguen matando y mutilando cada día a población de Camboya. Estas mutilaciones, arrancan a los afectados sus vidas presentes, y les convierten en discapacitados a nivel físico, económico y social. Como resultado, muchos de ellos se convierten en mendigos o se someten a todos tipo de maltratos, con el fin de sobrevivir. En algunos casos, esta situación lleva a las víctimas a la desesperación, incluso al suicidio.

En este contexto, el proyecto tenía como objetivo la reintegración de las víctimas de minas antipersona en el tejido socio-económico de sus pueblos de origen a través de la formación técnica. El resultado ha sido que 900 personas de estas tres provincias han obtenido formación en diferentes sectores de actividad económica: horticultura, peluquería de señoras, peluquería de caballeros, corte y confección, reparación de TV, CD, radios y casetes, reparación de motocicletas y de pequeños motores.

Hombres y mujeres, solteros o casados, con hijos o sin ellos, con edades entre 18 a 60 años han experimentado cómo sus vidas han cambiado. En la mayoría de los casos, cada uno de los beneficiarios han conseguido impulsar sus propias actividades económicas, provocando que estas personas, antes marginalizadas, se hayan reintegrado en la vida de sus comunidades. De esta manera, los beneficiarios, no sólo han mejorado su condición económica, sino también lo que concierne en el ámbito social.

De hecho, en algunos casos, los beneficiarios/as se han casado o han contratado en sus talleres a personas no discapacitadas. En este sentido, se ha mitigado fuertemente la discriminación de los afectados por las minas antipersona por parte del resto de la sociedad.

Por otro lado, las formaciones han estado acompañadas por un programa de alfabetización, donde la mayoría de los beneficiarios/as han adquirido competencias básicas de lectura/escritura/cálculo. Estas capacidades obtenidas, han favorecido no sólo a que los beneficiarios obtengan una estabilidad económica y soberanía alimentaria familiar, sino también a la aceptación de las víctimas como personas activas y productivas en su comunidad.

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