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Trabajando desde la agroecología y la perspectiva de género: análisis de seis organizaciones campesinas indígenas de Azuay, Cañar y Loja (Ecuador)

Miércoles 16 de octubre de 2013

A las familias que llevan adelante iniciativas agroecológicas les caracteriza un hecho singular y es el tiempo que dedican al diálogo sobre el cuidado del patrimonio comunitario. En estas comunidades, las familias dan una especial atención al cuidado de bosques y páramos, fuentes de agua, a la conservación de las semillas tradicionales y a la agricultura diversificada. Son casi tres décadas desde que se empezó a hablar de agroecología en el país. Desde ese entonces, cuando se recordaba con las familias campesinas sobre la manera en que sus padres y abuelos producían, más se identificaban como campesinos agroecólogos. Valoraron sus conocimientos ancestrales, expresaron su disposición por aprender nuevas prácticas y se manifestaron contra los errores de haber caído en el círculo de los agroquímicos y de las llamadas ‘semillas mejoradas’.

Quien se propone transitar hacia una finca agroecológica, reflexiona mucho, sabe que está construyendo un hábitat, un lugar donde compartirá su vida amigablemente con los elementos de la naturaleza: un suelo fértil, diversidad de cultivos que proveerá alimentos para sí mismo, para la venta o el intercambio con otras familias; criará animales domésticos, plantará árboles, convivirá con animales silvestres. Esta visión amplia e integral del territorio, surge desde su autoestima y valoración de sus conocimientos.

El mundo rural actual es totalmente distinto al de aquellos años. Esta realidad está determinada por la constante migración a las ciudades y el consecuente despoblamiento del campo, y también por la presencia de grandes agronegocios o de empresas extractivistas, que empiezan a ejercer predominancia en los territorios, así como la presencia de leyes que favorecen el monopolio de las grandes empresas sobre las semillas e insumos, volviendo cada vez menos autónomas a las economías campesinas.

Las familias rurales afrontan adversidades para la producción: cambios en los patrones climáticos, contaminación de las aguas, nuevas demandas del consumo de los alimentos para las que no están preparados. Por otro parte, una educación primaria y secundaria ajena a la realidad del campo, y la influencia generalmente negativa de los medios de comunicación que subestiman el conocimiento local y anulan valores comunitarios e inducen a los campesinos a abandonar el campo. Finalmente, las políticas agrarias implementadas apuntalan el agronegocio y es débil y marginal el apoyo a las agriculturas campesinas y menos cuando se trata de apoyar la agroecología.

En esta dura y compleja realidad rural emergen iniciativas campesinas agroecológicas. Aquí empieza el relato de la experiencia de trabajo en zonas campesinas ubicadas en las provincias australes de la sierra del país, Cañar, Azuay y Loja. Interactuamos en seis comunidades, unas con una larga historia de trabajo agroecológico y otras que prácticamente empezaban. Siendo zonas de alta migración, las organizaciones están conformadas en su gran parte por mujeres. Expresión viva de la feminización de la agricultura.

El horizonte que guió nuestro accionar fue la soberanía alimentaria. El gran desafío para todos fue cómo avanzar, qué acciones implementar para territorializar la soberanía alimentaria. En este afán se trabajó en cinco frentes: a) fortalecer la producción agroecológica que implique mayor provisión de alimentos y de ingresos; b) consolidar las inciativas de mercado local y de los sistemas participativos de garantía; c) conservar las semillas tradicionales como base para implementar la producción agroecológica y favorecer el diálogo de saberes a partir de recuperar y valorar el conocimiento tradicional; d) fortalecer la capacidad organizativa y política de las organizaciones; y, e) conocer y entender de mejor manera el situación de la mujer rural.

Recoger lo sucedido en las experiencias agroecológicas y sistematizarlas es una obligación para quienes trabajamos en la agroecología. Con este documento procuramos favorecer la reflexión y el debate en las organizaciones sobre su situación socioeconómica, a la vez de entender que implicaciones conlleva la propuesta agroecológica respecto de la división del trabajo familiar, manejo económico, toma de decisiones y desafíos organizativos de la mujer campesina. Queremos que se visibilice hacia la sociedad, sobre todo urbana, facetas de la vida rural y de los aportes de la propuesta agroecológica. Un mayor conocimiento por parte de la población urbanan hará posible llevar adelante acciones conjuntas para favorecer relaciones equitativas entre el campo y la ciudad. Este conocimiento mutuo urbanos y rural, es además, la única manera de enfrentar hechos tan complicados y graves como la pobreza rural y marginal urbana, el cambio climático, la homogenización del pensamiento en el que se soporta el modelo extractivista, la subestimación del conocimiento local, el consumismo y el rompimiento de las relaciones respetuosas del ser humano con la naturaleza.

La Coordinadora Ecuatoriana de Agroecología, CEA, expresa su agradecimiento a IEPALA, organismo de cooperación española con la que coejecutamos el proyecto “Fortalecidas las capacidades productivas y de comercialización agroecológica de las comunidades campesinas indígenas de Cañar, Loja y Azuay en Ecuador” . Asimismo, agradecer a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la cual sin su cofinanciación no hubiera sido posible ejecutar el proyecto y elaborar la presente publicación. Del mimso modo, queremos reconocer el trabajo que realizó el equipo técnico y consultores que contribuyeron cada cual, con sus capacidades y habilidades para elaborar esta sistematización: Nancy Minga, María Soliz, Benjamín Macas, Félix Morocho, Nancy Huaca, Carmen Soria, Vilma Saritama, María Quirola, Vicente Chimborazo, Néstor Sapatanga. Y, a todas las personas de las comunidades que nos brindaron su tiempo para dialogar y compartir sus conocimientos.

Siendo un documento que surge del trabajo conjunto del equipo técnico y de las campesinas y campesinos, nos nos queda sino complacernos y manifestar nuestra voluntad como conformantes de la CEA, de dar a conocer este documento en nuestras organizaciones y en otros sectores. Esperamos que esta sistematización sea una contribución para valorar a la familia campesina que con su esfuerzo cotidiano provee de alimentos sanos, cuida el paisaje y mantiene vivas expresiones culturales.

José Rivadeneira. Coordinador de la CEA

Nota: Próximamente se colgará la sistematización completa.