Análisis y opinión

Paraguay a un mes del golpe

16 de agosto de 2012

Se ha desatado una ola de violencia verbal hacia todo aquello con matiz progresista o de lucha social y exponentes de los sectores mas conservadores han revivido el lenguaje stronista. Por Oscar R. López R., Director de Oxfam-Paraguay. Publicado por E’a.

A un mes del golpe parlamentario, para cualquier visitante extranjero, en el Paraguay todo parece tranquilo, normalizado. El gobierno de Federico Franco hace todo el esfuerzo por que así parezca y cuenta con el apoyo de una abundante prensa amiga, que lo ratifica cada día a grandes titulares.

Pero aunque no aparezca en las primeras planas este ha sido un mes muy movido: en todo el país, se sucedieron pequeñas pero constantes movilizaciones pidiendo la restauración del orden democrático y varios de los políticos que propiciaron el golpe tuvieron que enfrentarse al escrache ciudadano –al señalamiento acusador- cuando quisieron hacer campaña política o participaron de actos públicos.

Sí, nos hemos movido…y nos hemos dividido. La sociedad paraguaya está fragmentada y eso se percibe en los comentarios de los artículos periodísticos, en las redes sociales -donde hay un apasionado debate- y hasta en una encuesta publicada por el diario Ultima Hora, según la cual Lugo mantiene un alto nivel de apoyo -muy por encima de la que recibe Federico Franco- y un 41% de las personas encuestadas considera ilegítima su destitución.

Por el contrario, las corporaciones empresariales han tenido un comportamiento monolítico, único. Varios de sus dirigentes han mostrado euforia ante la destitución de Lugo, han financiado viajes para hacer cabildeo a favor del reconocimiento de Franco y promueven una suerte de campaña ultra nacionalista que en muchos casos raya en la xenofobia e incluso acusan a MERCOSUR y UNASUR de atentar contra la soberanía paraguaya.

Y es que una de las batalla más duras es la que vivimos en el campo de los discursos. Predomina el eufemismo y la ambigüedad y se nos intenta programar en contra de la resistencia. Se ha desatado una ola de violencia verbal hacia todo aquello con matiz progresista o de lucha social y exponentes de los sectores mas conservadores han revivido el lenguaje stronista –el de la dictadura- llevándonos a épocas que creímos superadas. Se está ante un caldo de cultivo que podría traer graves consecuencias para la convivencia democrática que tanto costó conquistar en el país.

Los movimientos sociales han actuado con tanta coordinación como prudencia. Luego de sus movilizaciones, desarrolladas sobre todo por el movimiento campesino los 15 días posteriores al golpe, están convocando a espacios de análisis para definir cómo enfrentar este nuevo escenario, construir más democracia y exigir que se cumplan sus demandas de justicia. El apoyo internacional se ha hecho notar, ya sea a través de comunicados, campañas en línea, mensajes de solidaridad o misiones de exploración y vigilancia, como la enviada por La Vía Campesina.

Mientras tanto, Franco ha mostrado celeridad para impulsar medidas que favorecen los intereses de empresas transnacionales y otras corporaciones: se autorizó la negociación con la Alcan Río Tinto para instalar una planta de aluminio, se dio luz verde a la inscripción del algodón transgénico de Montsanto, se anularon las restricciones a la importación de agroquímicos y no se descarta que se autorice el cultivo del maíz transgénico. En materia de tierra, un gremio agroexportador pide derogar los límites a la compra de propiedades por extranjeros en la franja de seguridad fronteriza y Franco propone vender todas las tierras disponibles para la reforma agraria a precio de mercado y “disponer” así de recursos para la consolidación de los asentamientos campesinos ya existentes.

¿Y para el campesinado qué hay? Sólo discursos. Paraguay apunta a consolidar el modelo de agroenclave que tan cómodo y rentable ha resultado para los sectores más poderosos. El Estado, una vez más, renuncia a ejercer control, regular y poner límites a un modelo extractivo que solo beneficia a la minoría.

Pero Franco no está solo, le apoya el Vaticano, Taiwan y el parlamento más desprestigiado de toda la historia del país, un parlamento cuyos abusos les han sido perdonados y que un líder empresarial ha proclamado “salvador de la patria”. Y favor con favor se paga: Franco promulgó la ley que pospone el desbloqueo de las listas sábanas y se habla de presiones para reponer los recursos que había vetado Lugo para los operadores políticos en el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE). La ceguera que padecen los parlamentarios les impide ver lo realmente importante: ellas y ellos han dejado de representar a la ciudadanía.

Lugo, por su parte, ha reconocido en la prensa que cometió muchos errores, pero sigue sin quedarnos claro qué aprendió de esa experiencia. Nos urge una profunda autocrítica y una efectiva articulación de todas las organizaciones progresistas para que su liderazgo pueda ser una alternativa real y duradera a los liderazgos tradicionales, esos que han robado el entusiasmo a la ciudadanía.

La gran tarea que tenemos por delante es la construcción de un movimiento en defensa de la democracia –la del gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo- que ponga freno al quiebre institucional y a la reconsolidación de la política conservadora. Es la hora de la organización, de tejer alianzas para mantener activa la indigna-acción.

Sostener a Paraguay en la noticia y mantener el apoyo de las redes de solidaridad es tan fundamental como lo fue en nuestra lucha para terminar con la dictadura. Lo es también la creatividad, el esfuerzo, la pluralidad, el diálogo y la resistencia. Hoy nos toca luchar por un Paraguay más justo y democrático y así lo haremos. Como se lee en alguna pared de Asunción: “No tenemos fuerzas para rendirnos.”