Reportaje especial de Otramérica

La hora de los afrodescendientes

31 de octubre de 2011

En América Latina y El Caribe hay unos 150 millones de afrodescendientes. La colonialidad en el ejercicio del poder y el racismo imperante en la sociedad mantienen al 25% de los latinoamericanos y caribeños en la pobreza y la exclusión. Una nueva forma de esclavismo sin grilletes. Hablamos con dos líderes, de Colombia y de Ecuador.

Por Paco Gómez Nadal

El Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (IEPALA) acaba de presentar un trabajo monumental: el Atlas de Afrodescendientes en América Latina. Una radiografía escrita y mapeada de la vergonzosa historia de la esclavitud y de la triste realidad contemporánea de la exclusión.

El Atlas es importante porque visibiliza a una población de la que sabemos poco. Los censos no especifican, en la mayoría de los casos, cuántos afrodescendientes hay y, por tanto, no se conoce bien su situación. En un informe del PNUD y la Secretaría General Iberoamericana se reconoce que “la invisibilidad [de los afrodescendientes] no sólo se reduce a variables numéricas, sino que se extiende sobre modos de vida, costumbres, ritos, aportes artísticos, científicos, culturales e ideológicos”.

Otramérica ha aprovechado la semana de sensibilización sobre la situación de los afrodescendientes organizada por IEPALA (en conjunto con AIETI y Solidaridad Internacional) para hablar en profundidad con dos líderes de los movimientos afro en Colombia y Ecuador.

Colombia… ¿fútbol o política?

Juan de Dios Mosquera, director nacional del Movimiento por los Derechos Humanos de las Comunidades Afrocolombianas (Cimarrón), es contundente al denunciar que en su país, Colombia nada ha cambiado: "persiste la mentalidad colonial y los descendientes de los esclavistas son los que retienen el poder".

En la entrevista que difundimos en video, Mosquera habla de exclusión en todos los sectores de Colombia (gobierno, empresa privada, educación…) y no salva a nadie: los criollos, la cooperación internacional, la Iglesia católica… Para el movimiento Cimarrón los afrodescendientes están condenados mientras no se hagan “políticas focalizadas”, se refuerce la educación, se abra la puerta a la participación política real y de descolonice el país.

La realidad es que el 80% de los afrocolombianos tiene sus necesidades básicas insatisfechas y el 76% vive en la pobreza (Becerra y Buffa, 2006). Y no son pocos, se calcula que entre un 19 y un 21% de los colombianos son afrodescendientes sin embargo no están representados en ese porcentaje en ninguna instancia. Por eso Mosquera dice que “Colombia es [respecto al peso de los afro] como su selección de fútbol, no como su Gobierno de blancos”. Pero la sociedad colombiana prefiere quedarse con los tópicos: “el negro es bueno para la cultura, para el deporte y para el sexo, hasta ahí llega”. Esos prejuicios y una educación, básicamente, colonial ha desmovilizado permanentemente a los afrodescendientes y hace que se “conformen con limosnas”. El camino al “desarrollo humano de los afrodescendientes” requiere de “políticas públicas claras, apoyos focalizados y reparación, porque tanto el gobierno colombiano como los europeos tiene que aceptar y resarcir el daño profundo causado a nuestros pueblos”.

El discurso robado

En Ecuador las cosas no van mejor. Si bien es cierto, como relata Edizon León, especialista del Centro Ecuatoriano de Desarrollo y Estadios Alternativos (CEDEAL), que la ‘legalidad’ del país ha recogido desde 1998 la existencia de los afroecuatorianos, la voluntad política con las minorías aún es terca.

Y vuelve el fútbol. “Cuando Ecuador logró clasificarse al Mundial por primera vez en 2002 la mayoría de jugadores eran afrodescendientes y ahí comenzó a cambiar la percepción negativa y racista de la mayoría de los ecuatorianos hacia nosotros”. La ‘folclorización’ de lo afrodescendiente es general en América Latina; el respeto por su historia, su legado y su aporte a la construcción de las Repúblicas Independientes, nulo.

La población afroecuatoriana supera el millón de personas y supone casi el 8% de la población de Ecuador. La mayoría vive en la región de Esmeraldas, fronteriza con Colombia.

León cree que el momento es crítico. Por una parte, porque “el Gobierno tomó todas las reivindicaciones de los movimientos afro e indígenas y los incorporó a la nueva Constitución, pero no hay una voluntad real de ejecutarlas”. Edizon León considera que es un paso adelante, pero también una trampa porque, desde el poder, se coopta a líderes, se chantajea y se amenaza. La participación, en Ecuador, es por decreto.

"Algunos líderes afrodescendientes se han creído el cuento". Si, según el investigador social, el Gobierno ha fragmentado al movimiento indígena y ha criminalizado a los críticos, con los afrodescendientes es algo diferente.

"Llega más ayuda, pero no hay un reconocimiento de temas de fondo, como es el derecho al territorio".

León insiste en que la situación es crítica en Esmeraldas. "Si antes éramos vistos como el refugio para descanso de guerrilleros y paramilitares, ahora el conflicto está metido de lleno en nuestra región". Pero, además, el Gobierno está empujando a las poblaciones hacia el desplazamiento ya que quiere impulsar megaproyectos agroindustriales en Esmeraldas que chocan de lleno con la gestión tradicional del territorio de los afroecuatorianos.


Desde IEPALA agradecemos la receptividad, colaboración e interés de Otramérica, para realizar este trabajo, en el marco de la Semana de Sensibilización e Incidencia sobre Derechos Humanos de la Población Afrodescendiente en América Latina y España. Nuestra propuesta es continuar ayudando a abonar el camino de la lucha de los pueblos afrodescendientes de América Latina por la defensa de sus derechos, en colaboración con quienes compartimos filosofía y compromiso.