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Declaración de mujeres indígenas de Parguay ante Comité de Naciones Unidas

27 de noviembre de 2013

Señora presidenta, honorables miembros del Comité:

Las mujeres de la Organización Intercomunitaria de Mujeres Indígenas " Teko Joayhu Pora Rekavo" y la ONG Pro Comunidades Indígenas - PCI agradecen a la CEDAW tener en consideración las siguientes observaciones sobre la preocupante y permanente vulneración de los Derechos a la Alimentación Adecuada y al Agua de las mujeres indígenas del Chaco Paraguayo, a la luz de los artículos 1º, 2º,12 y 14º de la Convención.

En el Chaco habitan 13 de los 17 pueblos indígenas del Paraguay. Según la encuesta de hogares del 2008 la población indígena que suma en el Paraguay el 2% de la población total, presenta la más alta vulnerabilidad tanto en lo relativo al acceso a la alimentación y a una nutrición adecuada como en la cobertura de los servicios básicos. Solamente el 1,4 % de la población indígena tiene acceso al agua proveida por la red pública. La mortalidad infantil para el conjunto de la población indígena es de 106,7 por 1.000 nacidos vivos, mientras la tasa media paraguaya es de 20 muertos por cada 1.000 nacidos vivos.

Únicamente el 37% de los menores indígenas accede a consulta médica y el 41,8% de los niños sufre desnutrición crónica. La prevalencia de tuberculosis entre los indígenas es 10 veces superior a la media nacional. El 63% de los niños vive en la pobreza extrema. En cuanto al acceso a la tierra, el 45% del total de comunidades, todavía no dispone de aseguramiento legal y definitivo de sus tierras.

En el Chaco nosotras, las mujeres indígenas, sufrimos año tras año los efectos de la sequía, que nos impide producir los alimentos que necesitamos para vivir dignamente y acceder al agua necesaria para el consumo en nuestras comunidades. A pesar de que observamos la implementación de proyectos por parte del Estado, estos suelen no ser consultados con las comunidades y aún no solucionan nuestra situación. Como consecuencia no sólo nos encontramos en una situación de hambre y desnutrición, sino que nos vemos condenadas diariamente a acarrear la poca agua disponible en algunas fuentes lejanas a nuestras viviendas. El agua para el consumo es insuficiente y de mala calidad y en nuestras familias nosotras las mujeres tenemos la carga de buscar las soluciones día a día.

La falta de agua y otros recursos también afecta nuestro derecho a la alimentación, frecuentemente no sabemos que vamos a comer y a dar de comer a nuestros hijos al día siguiente. Cuando hay para comer nos tenemos que limitar a una merienda al día, que sólo consta de arroz o fideos. La falta de acceso y disponibilidad de alimentos adecuados, sin proteínas o vitaminas suficientes afecta nuestra salud, la capacidad de aprendizaje de nuestros hijos y nuestra capacidad propia para trabajar. Los animales se mueren y las plantas se secan, por lo cual quedamos totalmente dependientes de la ayuda asistencial de las autoridades o de la cooperación. Así, no tenemos ninguna capacidad de alimentarnos a nosotras mismas y a nuestras familias cuando la asistencia falla.

Esta preocupante realidad se deriva de la permanente situación de discriminación y abandono por parte del Estado, a nuestra región y nuestras comunidades y de la aplicación de estrategias que casi nunca son efectivas, no tienen en cuenta nuestra situación real, ni nuestras opiniones.

Aprovechamos esta oportunidad, para pedir al Comité, que le pregunte al Estado que medida está adoptando para dar fin a estas violaciones de nuestros derechos al agua y a la alimentación, y le solicitamos presentar las recomendaciones que considere pertinentes, para que se garanticen nuestros derechos humanos y se cese con esta situación de discriminación.

Fuente: http://www.pci.org.py/