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Guinea Bissau

Radiografía de un golpe de estado anunciado

Jueves 19 de abril de 2012

Aunque el toque de queda se ha establecido desde las nueve de la noche hasta la seis de la mañana, las calles comienzan a estar desiertas a partir de las 5 de la tarde. Los establecimientos están cerrados y el silencio inunda de día y, sobre todo, de noche, las calles de una capital que acaba de ser tomada por los militares. “El día a día africano que se caracteriza por su ruido y buillicio ha desaparecido por el momento en Bissau”, afirma Belén Alcolado, técnico de proyectos de IEPALA en Guinea Bissau.

Después del golpe, hubo cortes en el suministro de gasolina, aunque días después se permitió abrir durante unas horas las gasolineras. Según Belén, cuando esto sucede en una ciudad en donde mucha gente vive con generadores de electricidad, es fácil ver colas kilométricas de más de 60 coches a la espera de repostar. Junto con el tema del suministro de gasolina, otro de los mayores problemas está siendo el hecho de que los bancos estén cerrados: “Hasta hoy (lunes 14 de abril) la gente no puede sacar dinero”.

Como en otras ocasiones, miles de habitantes han comenzado abandonar la capital por temor a nuevas enfrentamientos armados. Frente a esta situación, la Junta Militar hizo a principios de la semana un llamado a la calma asegurando que la “situación está bajo control” y que por lo tanto la gente podía volver a “retomar sus vidas” de manera normal. Si bien es verdad que la Junta Militar ha llevado a cabo acciones como levantar la prohibición decretada que impedía a las radios privadas emitir su programación, la población sigue desconfiando de la palabra de los golpistas: “Aunque se pueda salir a la calle todavía existe una tensión social palpable en el ambiente”, afirma la técnica de IEPALA.

Una asonada esperada

Aunque un golpe de estado siempre es una sorpresa, algunos como el de Guinea Bissau, se veía venir desde que murió el pasado enero el presidente Malan Bacai Sancha. A partir de este momento, se abrió una carrera hacia la toma de poder, en un país en donde el que llega a presidente, sabe que le tocará una buena parte de las riquezas del país. En estas elecciones organizadas en medio de la incertidumbre, se presentaron nueve candidatos, entre los que se encontraban Carlos Gomes Junior, popularmente conocido por la población como Cadogo, del partido en el poder, el PAIGC (Partido Africano de para Independencia de Guinea y Cabo Verde), y Kumba Yalá, del PSR ( Partido Social Renovador).

El 18 de marzo, día en el que se celebraron las elecciones presidenciales, Chema Caballero predecía en su artículo ¿Qué pasa en Guinea Bissau?, , que “no habría que descartar que la victoria de Cadogo, fuera el detonante de un nuevo golpe militar”. Al igual que Caballero, la mayoría de la población de este país del África Occidental también pensaba que tarde o temprano ocurriría algo. Según Belén desde el principio, la candidatura de Carlos Gomes para presidente fue polémica: “ Toda la oposición consideró que su candidatura era ilegal según la Constitución, ya que como primer ministro no se puede presentar a unas elecciones presidenciales”.

Aún así, Cadogo se presentó y obtuvo en la primera vuelta el 48’97 por ciento de los votos, seguido de su adversario Kumba Yala, quien consiguió el 23,26 por ciento. A pesar de que ambos se iban a enfrentar en las urnas el 29 de abril, días más tarde Kumba Yalá, se retiró del proceso electoral, aludiendo fraude electoral. La postura de Kumba Yalá fue apoyada por otros candidatos, como Manuel Serifo Nhamadjo, Henrique Sosa, Alfonso Te y Serifo Balde, los cuales tampoco obtuvieron los votos suficientes para llegar a la segunda vuelta. El día del anuncio, Kumba Yalá declaró que no reconocían ni reconocerán “los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Estos resultados proceden de un escrutinio fraudulento", sentenció.

Las razones

En un país donde los militares controlan todos los aspectos políticos, económicos y sociales, era sólo cuestión de tiempo que irrumpieran en el contexto actual. Varias y diversas razones existen para esta irrupción en la vida política. La primera de ellas, se debe a la presencia en Guinea Bissau de la MISSANG, misión angoleña de apoyo a la reforma de los sectores de Defensa y Seguridad en el país. Según un comunicado oficial de los golpistas el golpe no está movido por “una ambición de poder”, sino por la existencia de un acuerdo militar secreto entre Angola y Guinea Bissau, para “proteger al gobierno de ataques que buscan destruir a las fuerzas armadas con ayuda de potencias extranjeras”. Cuando dicen gobierno, se refieren a un posible pacto que Carlos Gomes habría hecho con el ejército de Angola para proteger su seguridad. De hecho, Belén apunta que “ha habido tres intentos de asesinato de Cadogo desde que es primer ministro (2009), coincidiendo el último con las tropas angolanas en Bissau"

Además de esta queja pública que ha hecho el ejército de Guinea Bissau, podría haber otros motivos, encubiertos, que podrían estar motivando esta oposición frente a la MISSANG. Entre ellos se encuentra el tema de narcotráfico. Desde hace tiempo es sabido que, Guinea Bissau es la puerta de entrada para la droga que llega de América Latina. Según apunta el periódico francés L’Express un día después del levantamiento militar, la verdadera razón que tenía el jefe militar de Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Guinea Bissau, António Indjai, para defender la salida de la misión angolana, venía motivada para dejar el camino libre a las “artimañas” que los militares utilizan para mantener activo el mercado de la droga.

La segunda de las razones, es la mala relación que existe entre los militares y Cadogo, sobre todo la parte del ejército que se identifica con la etnia balanta. Por un lado, en la última época, el primer ministro comenzó a colaborar con la Interpool para reducir el paso de la droga. Mientras que por otro lado, Cadogo se había mostrado reacio a expulsar a la MISSANG e incluso contestó diciendo que iba a haber una reducción del cuerpo militar.

Una tercera razón, podría venir por medio del resto de partidos de la oposición y más en concreto de Kumba Yalá. Éste último, el cual fue presidente del país entre 2000-2003 antes de ser depuesto por un golpe de estado, aglutina el voto de la etnia balanta y además cuenta con importantes apoyos en el ejército. Según indica el periodista José Naranjo, enviado especial a la zona de Guin Guin Bali a Bissau, “cada vez es más evidente que la oposición, que había decidido retirarse del proceso electoral en marcha en este país, no sólo no ha condenado el golpe de estado del pasado jueves, sino que es cómplice del mismo, toda vez que alcanza acuerdos con los golpistas” (aludiendo al acuerdo que llegaron con los militares para formar un Consejo Nacional de Transición).

¿Y ahora qué?

A nivel internacional, organismos como la Unión Europea (UE), la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), Unión Africana (UA) o la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO) han condenado el golpe y han exigido el orden constitucional inmediato, así como la liberación de inmediata de Cadogo y Pereira. Sin embargo, en Guinea Bissau se ha hecho caso omiso a las presiones y se acaba de hacer oficial un acuerdo entre golpistas y los principales partidos de la oposición para abrir un proceso de transición de dos años que deberá desembocar en unas elecciones generales. Lo que ya es un hecho es la creación de un Consejo de Transición Nacional y el nombramiento como presidente Manuel Serifo Nhamadjo, el cual quedó en tercer lugar en la primera vuelta de las recientes elecciones fallidas. Asimismo, se ha designado a a Braima Sori Djalo, número dos del principal partido de oposición, el PRS, presidente del Consejo Nacional de Transición. Una vez que se acabe de nombrar al resto de los miembros del gobierno interino, los militares han anunciado que se retirarán a sus casernas.

Una de las incógnitas que se abren ahora es el futuro que les espera a los proyectos cooperación. Hasta que no se aclare todo, las actividades y/o procesos de las ONGD están paralizados. Lo que está claro es que al final pase lo que pase, la corrupción se trasladará de unas manos a otras (Guinea Bissau se sitúa en el puesto 154 de los 182 países más corruptos del mundo) y los militares seguirán manejando tras las bambalinas, los hilos de la historia de un país, que se encuentra en la cola del índice de Desarrollo Humano. Mientras tanto, y hasta que no se consiga una estabilidad política real, la población, como ya ha hecho otras tantas veces, volverá a su “vida normal” para seguir luchando desde las organizaciones, asociaciones y redes organizadas de la sociedad civil frente al desmoronamiento de los servicios básicos, como salud y la educación, al encarecimiento de los alimentos, la alta tasa de mortalidad infantil o a la influencia de los carteles de la droga, entre otros.

*Escrito por Cristina Fuertes