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Análisis

“Lo que ha fracasado en África no es la cooperación sino la occidentalización”

Viernes 23 de noviembre de 2012

En el ámbito de la tercera edición del Magíster Políticas y Éticas Públicas para la Democratización y el Desarrollo del Tercer Mundo del Instituto Universitario IEPALA Rafael Burgaleta- UCM compartimos un análisis de la realidad africana hecho por Mbuyi Kabunda durante las clases del Magíster y recogido en un artículo de Silvia Arjona, alumna de la presente edición.

Alegre, cercano y directo. Mbuyi Kabunda* transmite una mezcla de sabiduría amable cuando imparte sus conocimientos sobre África, su continente, a personas que desconocen las realidades del mismo. Su altura, cerca de dos metros, y su intensa mirada detrás de unas grandes gafas con patillas doradas no imponen apenas cuando se aproxima a preguntar a su atento alumnado, a modo de profesor en el colegio, datos y fechas que bailan a buen ritmo en su discurso.

Hablar de la(s) realidad(es) africana(s) es complicado si tenemos en cuenta que la forman 55 países, todos ellos muy diversos entre sí y divididos en dos zonas geográficas totalmente distintas e incomunicadas por el desierto del Sáhara: el África del Norte o Árabe y el África Subsahariana o Negra. Es por ello que Kabunda se indigna, a través de sonrisas, cuando le proponen desgranar y acercar su continente en apenas unas horas en las charlas y coloquios que ofrece por el mundo.

Natural de República Democrática del Congo (RDC), es politólogo e internacionalista y especializado en los problemas de integración regional, desarrollo y conflictos de África. En sus ponencias y clases en las muchas Universidades en las que trabaja y colabora, apuesta por un discurso afro-realista persiguiendo una visión más o menos objetiva de las realidades africanas, frente a ideas afro-pesimistas ligadas a culpabilizar a los y las africanas de toda su pobreza, hambruna, enfermedades y conflictos armados. Esta pensamiento negativo se debe al “gran desconocimiento” acerca del continente negro “extendido por todas partes”, explica, por lo que anima a que nos adentremos en él para ir eliminando las ideas del discurso primermundista, ligadas a siglos pasados.

La cooperación en África

El profesor congoleño es pesimista cuando se le pregunta por la cooperación al desarrollo en África. Asegura que se han conseguido muy pocos resultados significantes en relación a los fondos y las energías recibidas y argumenta que, a pesar de ser el continente que más ayuda ha obtenido es el que más subdesarrollado está, por lo que “algo falla”, se lamenta. Lo relaciona tanto a los propios donantes, que se han dedicado más a realizar operaciones comerciales, económicas y geoestratégicas, como a los beneficiarios que, además de no tener capacidades institucionales para un correcto ejercicio de la ayuda, “han invertido las donaciones a otras cosas distintas al desarrollo como la corrupción”. En este sentido, Kabunda asegura que desde 1960 hasta la actualidad se han desviado unos 300.000 millones de dólares de cooperación al desarrollo en África para la corrupción, lo que representa cinco o seis veces su monto.

Aún así, considera que el problema africano no ha venido ligado a la cooperación sino a la occidentalización, y una de las primeras ideas que encaja aquí es la consolidación de los Estados como estructura institucional instaurados en África después, sobre todo, de la Guerra Fría. Estos se consideraron como único modelo de desarrollo por parte de los países soviéticos y europeos “trayendo el mal al continente”, por lo que propone una desestructuración y una reestructuración a través de la africanización del Estado donde se mezclen las tradiciones, aniquiladas durante la colonización, y la modernidad.

En cuanto a la ayuda externa y para evitar seguir fracasando, el profesor habla de realizar una ayuda reducida pero de calidad concentrándola en la lucha contra la pobreza y en trabajar con los africanos y no para los africanos, “como se ha hecho hasta ahora”. Cree que tanto la cooperación oficial centralizada como la descentralizada, a través de las ONGDs, se encuentra en un callejón sin salida ya que éstas, se lamenta, “han sido meros instrumentos de la política exterior y comercial de los países del Norte”. Su crítica va dirigida también a la visión occidental que ofrece y a que tanto su estructura, objetivos y fines son etnocentristas, sin dejar espacio a otras formas de trabajar posibles en el mundo. El mismo Índice de Desarrollo Humano (IDH) estudia criterios del Norte, así como los órganos que forman parte del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) que persiguen un desarrollo económico, principalmente, ligado siempre a los intereses particulares de los países más ricos.

A pesar de resistirse a ver la cooperación internacional como algo positivo para los pueblos del Sur, por la mirada occidental que presenta y demuestra, reitera, sí cree que se hayan hecho importantes avances en el continente africano aunque “queda mucho por hacer”. Señala la idea de una cooperación entre países africanos y una cooperación Sur-Sur, hecha y ejecutada según las características y necesidades de cada territorio sin intermediarios ligados a intereses particulares y concretos. “Tenemos que tener esperanzas en otras relaciones posibles porque ningún país en el mundo se ha desarrollado con la cooperación”, explica con contundencia. Estima también que ésta es “paliativa” cuando debería servir para fortalecer las capacidades internas institucionales de los países y no utilizarla como un objetivo en sí mismo que genera dependencia y rompe con el dinamismo interno de África.

Pero además de una cooperación entre los estados del Sur es tiempo de pensar en otro tipo de relaciones Norte-Sur (y Sur-Norte) a partes iguales que persigan verdaderamente una justicia social y que con ellas se reparta democracia. En un momento donde la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) del Estado Español se ha reducido en más de un 70% entre 2011 y 2012 (lo que ha supuesto el recorte más importante realizado en la historia de la cooperación de este país), es fundamental pensar en las consecuencias de estos ejercicios para millones de mujeres y hombres desprotegidos ante la falta de políticas sociales coherentes y analizar qué modelos y acciones hay que crear para conseguir resultados positivos en todo el mundo.

En España los primeros recortes a la ayuda externa tuvieron lugar en el año 2010, incumpliendo así con los objetivos planteados en el III Plan Director 2009-2012, y provocando un desajuste para alcanzar el 0,7% del PIB para el desarrollo. Pero para algunxs son estos periodos de crisis los que más esperanzan aguardan para optar por oportunidades de transformación y cambios de paradigma en el orden mundial, reflexiones en las que instituciones, universidades, centros de estudios y ONGD españolas ya están trabajando.

Apostar por “un nuevo desarrollo”

Mbuyi Kabunda también es optimista en cuanto al futuro de África, aunque apuesta por la necesidad de cambios estructurales internos y externos en todo el sistema vinculado a la ayuda externa. El 80% de su población tiene menos de 20 años y el 33% de los recursos naturales del mundo están en el continente olvidado, dos aspectos primordiales para reconsiderar el próspero camino que le espera por delante. Pero para conseguir buenos resultados de todo esto explica que es necesario educación y formación para esa joven ciudadanía y políticas de autoconsumo para la explotación de los recursos naturales a través de usos locales y comunitarios, al puro estilo de las tradiciones africanas y obviando la propiedad privada. “Es así como se permitiría a África un nuevo desarrollo”, afirma con serenidad.

Por otro lado, considera como alternativa viable acabar con el Estado centralizado “de tipo napoleónico” e implantar un afrofederalismo, ya que asegura que “el Estado desarrollista ha sido un fracaso”. Apuesta también por el autodesarrollo de cada uno de los pueblos africanos, teniendo en cuenta sus valores y lenguas, que son propias y únicas, así como dar más prioridad a la agricultura por considerarse aún hoy una de las más importantes fuentes económicas de la comunidad africana. Eso sí, otorgando primacía a los cultivos que se consumen en el territorio africano y evitando aquellos que sólo se producen para la exportación hacia otros países del mundo, explica como de memoria cuando se le pregunta por las soluciones a los problemas en África como si los tuviera más que asimilados.

Defensor absoluto de la multitud de peculiaridades históricas, culturales, lingüísticas y de valores que conviven en África, Kabunda no olvida las esperanzas y cambios futuros que se avistan en el mundo con respecto al continente negro. Considera de vital importancia tener cada vez más presentes los aspectos sociales, ecológicos y humanos para contabilizar los avances de los países, en contraposición al sagrado capital. Por ello, cree con firmeza que ha llegado la hora de introducir elementos africanos para computar el desarrollo, tales como el derecho a la fiesta, a vivir alegremente o la primacía de lo social frente a lo económico. “Si estos aspectos se tuviesen en cuenta África dejaría de ocupar los últimos rankings mundiales en cuanto a desarrollo y pasaría a tomar los primeros puestos”.

Y así, convencido y convenciendo que pronto llegarán transformaciones en el orden del mundo, avisa con una sonrisa de esperanza que en ese momento “habrá sorpresas” en su África natal.

* Mbuyi Kabunda es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid, profesor del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo y profesor de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos del Máster de la Universidad Autónoma de Madrid y de los Másteres de cooperación al desarrollo de las Universidades de Málaga, Granada, del País Vasco, Valencia, Castellón y Alicante. Es Director de la revista África América Latina Cuadernos de SODEPAZ y Director del Observatorio de Estudios sobre la realidad social africana de la UAM. También es autor de un centenar de publicaciones en revistas especializadas y de divulgación sobre África

Fuente: Blog Cordones sin zapatos